En algún momento de mi vida, una persona que ya no forma parte de mi presente, no porque haya fallecido, sino porque los lazos que nos unían ya no existen, me dijo algo bien particular: «Cuando peor te sientas, es cuando mejor te debes vestir».
Me causó gracia porque creo que vivimos en una cultura que estigmatiza la tristeza, como si admitir que nos sentimos mal fuera un pecado. Curiosamente, esto conecta con un libro que estoy queriendo leer, llamado «Happycracia», que explora cómo la cultura de la productividad y la felicidad está moldeada por un sistema capitalista que siempre gana: el patriarcado. El capitalismo no quiere que estés triste, porque triste no eres productivo☠️
Cuando lo lea les contaré más, son las referencias que he leído, pero el libro no lo he conseguido en Colombia, así que estoy esperando que los planetas se alineen para traerlo de otras latitudes 🌎
Regresando a la frase, aunque no concuerdo con ella en su totalidad, de alguna manera quedó grabada en mi inconsciente.
Ahora, cuando me siento mal, trato de desmentir esa tristeza ante el espejo. He leído que hay una especie de autoengaño que puede jugar con tu cerebro para sentirte mejor en medio del dolor. Quizás sea un mecanismo de defensa que uso en esos momentos menos felices.
De todos modos, creo que el dolor debe ser sentido, como dice uno de mis libros favoritos, «Bajo la Misma Estrella».
Así que aquí está mi secreto: quizás cuando me vean mejor físicamente, sea cuando peor me sienta por dentro. No quiero ser una nube negra un martes vísperas de empezar “la mejor época del año” por las fiestas, la comida, la música, etc.
Pero callar mis emociones no sirve de nada. Prefiero escribir, darles forma y dejarlas ir.
Esta semana tengo muchos retos, que si la vida me lo permite, en el próximo escrito les contaré cómo me fue.
Solo les pido que si están leyendo esto le recen, a cualquiera que sea su Dios, por mí.
I was born this way🫠
Recuerden que estoy en Spotify.
