En esta vida, tenemos el poder de cambiar muchas cosas: nuestra forma de pensar, nuestro cabello, nuestras preferencias por cosas banales como los tenis en lugar de los tacones, e incluso podemos llegar a transplantar órganos, técnicamente «cambiándolos».
Sin embargo, hay algo que nunca podremos cambiar: nuestro origen, nuestro lugar de nacimiento.
Esta verdad es la razón por la que la xenofobia me afecta profundamente y me hiere directamente en la autoestima.
Siento que una parte de mi autoestima se desprendió cuando emigré, formando lo que llamo «autoestima migratoria».
Cada experiencia que vivo pasa por este filtro y determina mi valía personal. Puede que muchos no lo comprendan, pero yo lo siento así.
Me he sentido inferior, como si no fuera competencia, como si todo el tiempo tuviera que esconder mi lugar de origen para evitar el juicio.
Pero al final, siempre llego a la misma conclusión: no puedo cambiar el hecho de que nací en Venezuela.
Y, sinceramente, no lo haría aunque pudiera.
No quiero volver a sentirme inferior solo porque un pequeño grupo de personas xenofóbicas decida rechazarme.
Tampoco quiero pasarme la vida explicando que no vine a robarme los trabajos ni los maridos.
El problema está en ellos, no en mí.
Ellos son los ignorantes, no yo.
El cambio debería venir de ellos, no de mí.
🎶Es que no hay sociedad alguna
Que con ajena realidad
Entienda lo que hay que hacer
Para el sufrir aminorar🎶
Recuerden que estoy en Spotify.